En el silencio de mi cuarto te busqué, y no estabas allí y no pude comprender. QUE SOLO SOÑÉ, que tu voz entre cortada me pedía placer y la riqueza de tus labios me hacían volar. Sentada sobre mi cama vuelvo yo a pensar en tí, y otro sueño se repite una vez más, o quizás
por ese beso que de tu boca de miel te robé o la ternura que en tus ojos yo encontré.
Hoy quiero amanecer contigo amor, para llevarte mucho más alla del sol, y encontrar la noche eterna, donde te voy a enseñar, las mil formas que yo tengo para amar.*
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